Licencia para llorar
La línea que separa la vida de la muerte es muy frágil, veleidosa, incierta y traidora. La vieja de la guadaña anda siempre revoloteando por ahí a ver a quién puede llevarse. A veces viene disfrazada de cáncer o de accidente de circulación y va matando al azar a quien se le antoja. Otras veces llega a lo bestia. En Madrid tenemos bastante experiencia de tragedias múltiples en los últimos tiempos. Estamos acostumbrados a las lágrimas en la intimidad e incluso en público porque hemos sufrido múltiples barbaridades. La que segó más vidas, 191, llegó de la mano del terrorismo islámico el 11 de marzo de 2004. Jamás olvidaremos aquello.
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