
Madrid es siempre una locura.
Lo es más en Navidad.
Luchar contra la marea ingente de personas que se desplazan en una de las calles principales de la ciudad.

Pararse en mitad de la calle Preciados el sábado pasado para hacer un par de fotos parecía una locura.
Y lo era, lo era.
Todo lleno de gente que, corriendo a por los regalos, entrando como loca a las tiendas con rebajas, te arrollaba si te parabas en mitad de la calle.



